Si la novia fuera yo…

Siempre se dice que el día de tu boda es el día más feliz de tu vida.

Y -aunque ésta es una gran verdad- lo que está claro es que cuando eres la novia también te enfrentas al día en el que más ojos te observarán, más fotografías te tomarán y más besos y abrazos recibirás.

Todos estos factores combinados dan como resultado una enorme presión sobre tu beauty look, que deberá ser impecable y, además, permanecer intacto a lo largo del ‘día B’.

Para plantarle cara al reto de lucir perfecta el día de tu boda, nada mejor que dejarte guiar por tu instinto y permanecer fiel a ti misma.

Por eso he pensado que, en lugar de ennumerar consejos sobre rutinas de belleza imprescindibles antes -y durante- el gran día, quizá os gustaría saber cuáles serían mis mandamientos beauty si la novia fuera yo

 

Fotografía © Neima Pidal

 

Si la novia fuera yo… comenzaría a preparar la piel de mi rostro al menos 9 meses antes de mi boda. Cuidaría las rutinas de limpieza e hidratación todos los días mañana y noche y dedicaría ese ratito para despejar la mente y disfrutar del placer de regalarme tiempo para mí.

Si la novia fuera yo… invertiría en un kit de productos de tratamiento facial de calidad. Buscaría el consejo de un buen profesional de la cosmética que me informara sobre cuáles son las necesidades de mi piel y con sus indicaciones elaboraría un plan de tratamiento. Sería mi propio regalo de compromiso: el de prometerme a mí misma quererme mucho hoy y siempre.

Si la novia fuera yo… no me obsesionaría por alcanzar un peso meta. Procuraría mejorar mi alimentación y haría algo de ejercicio, pero con el objetivo de sentirme bien conmigo misma y no por reducir mi talla para enfundarme en un vestido.

Si la novia fuera yo… buscaría una actividad física que me resultara apetecible. No hay nada peor que acudir al gimnasio por obligación y sin ganas; quizá apostaría por unas clases de yoga que me ayudaran a sobrellevar el stress de los preparativos o me apuntaría a unas sesiones de spinning con esa amiga que siempre consigue que acabe con agujetas en la barriga de tanto hacerme reír.

 

Fotografía © Beatriz Goiri

 

Si la novia fuera yo… anotaría en mi agenda una cita con mi peluquera cada dos meses para mantener el corte y el color de mi cabello. Tomaría buena nota de sus consejos para mantenerlo sano y brillante en casa y evitaría abusar del secador, las planchas o las gomas elásticas para que mi melena estuviera cuidada y perfecta.

Si la novia fuera yo… tendría muy presente mi imagen cotidiana a la hora de escoger mi peinado y maquillaje. Explicaría con detalle a mi estilista con qué colores, líneas y estilos me veo favorecida en mi día a día e insistiría en conseguir un resultado natural para no sentirme disfrazada.

Si la novia fuera yo… compraría una botella bonita que me ayudase a tener presente lo necesario que es beber agua para sentirte ligera y radiante. Con esa pequeña ayuda, procuraría recordarme a mí misma que para tener una piel luminosa y eliminar toxinas del organismo es imprescindible beber al menos un litro y medio de agua cada día.

Si la novia fuera yo… reservaría con tiempo un momento cercano a la boda para darme un masaje relajante. No hay novia más guapa que aquella que está tranquila y consciente del momento tan especial que está viviendo y yo aprovecharía esa sesión para descansar el cuerpo y ordenar las emociones que -seguro- tendría burbujeando en mi interior.

 

 

Fotografía © La Fotografía de tu Boda

 

Si la novia fuera yo… cuidaría con especial mimo la piel de mis manos y mis pies. Guardaría en mi mesilla un frasco de crema hidratante para mantenerlos suaves a diario y buscaría un momento cada semana para preparar mis uñas y cutículas. El día antes de la boda pediría a mi manicura que me aplicara un esmalte de un color clásico y acorde con mi look de novia: posiblemente apostara por un tono porcelana o un rojo profundo y brillante.

Si la novia fuera yo… pondría el foco de atención en la mirada. Escogería un maquillaje que diera protagonismo a mis ojos y no olvidaría comprobar que los productos aplicados fueran waterproof para poder dar rienda suelta a las emociones sin preocupaciones.

Si la novia fuera yo… sería fiel a mi perfume. Porque siempre se me escapa una sonrisa cuando él me dice ‘esto huele a ti’ y porque llevándolo puesto me siento cómoda y muy, muy yo.

Si la novia fuera yo… me daría un capricho escogiendo un labial especial con el que vestir todos los besos y sonrisas que repartiría en mi gran día. Así, además, siempre asociaría ese color a un momento muy, muy feliz, y podría convertir esa barra de labios en un remedio mágico con el que alegrar los días más grises.

 

Fotografía © Jaime Boira

 

Y tú, ¿qué secreto de belleza consideras imprescindible para ser la novia más bonita y feliz?

1 comentario

  1. Carmen
    14 septiembre, 2018

    ¡Qué consejos tan útiles!
    Muchas gracias 🙂

    Responder

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